¡VIVA LA DEMOCRACIA!

DE FRENTE Y DE PERFIL

RAMÓN ZURITA SAHAGÚN

El momento era oportuno para que Francisco Labastida Ochoa mostrara sus ímpetus democráticos en el homenaje a Cuauhtémoc Cárdenas: celebro que tengamos en el país a hombres de tu talla, de tu dimensión, valor, congruencia y sensatez. Lo único que lamento es que no hayas sido Presidente de la República”.

Y es que Labastida tuvo dos momentos clave en la carrera presidencial del tres veces candidato: la primera cuando, como parte de los gobernadores del país (Sinaloa), fue pieza fundamental para detener el empuje de Cárdenas en su primera intentona y la segunda cuando compitió contra él, quedándose los dos relegados ante la victoria de Vicente Fox.

Ahora Cuauhtémoc cuenta con un busto en el Senado de la República, cuerpo legislativo al que perteneció por tres meses, en el lejano 1976, cuando prefirió la comodidad de una subsecretaría a legislar.

Sin embargo, resulta curioso que la propuesta del homenaje a Cárdenas viniera de un personaje imbuido de demócrata, que como Dante Delgado fue el operador principal de Fernando Gutiérrez Barrios y desde la secretaría de Gobierno de Veracruz manejó el accionar de los comicios de 1988. Otro operador electoral de Fernando Gutiérrez Barrios, en aquel entonces Manlio Fabio Beltrones (fue candidato a senador), acudió también, así como Beatriz Paredes, entonces gobernadora de Tlaxcala, en aquel difícil trance de la democracia de 1988.

Con el paso de los años trae la desmemoria y todos aquellos que lapidaron a Cárdenas por retar al sistema, hoy lo canonizan y develan un busto en el Senado de la República.

Ricardo Monreal, candidato a diputado federal y otros más que directa o indirectamente participaron en el llamado fraude electoral de aquel seis de julio, hoy le rinden reconocimiento al paladín de la democracia, al que hace 19 años no se hubiesen atrevido a hacerlo.

Claro, ahora se viven nuevos tiempos, donde todos apostaron por la democracia y si cometieron algún pecado en contra de ella en el pasado,  quedó en el baúl de los recuerdos.

                                                                      

La reducción del número de senadores puede convertirse en una realidad. Primero fue Martí Batres el que propuso eliminar 32 legisladores de esa cámara y ahora es Ricardo Monreal, el coordinador de la mayoría el que reconoce que debe eliminarse no solamente a 32, sino a 64, para dejar la cifra en la mitad.

El Senado de la República funcionó durante décadas con 64 representantes, dos por cada entidad del país, incluidos el Distrito Federal y los entonces territorios de Baja California Sur y Quintana Roo. Aumentando 32 personas más con la lista de partidos (plurinominales) y 32 más conformado por aquellos que quedaban en segundo lugar o encabezaban la fórmula.

De hacerlo responderían a un viejo reclamo ciudadano que demanda 64 senadores y 300 diputados (el mismo número de distritos), para evitar el anquilosamiento de las cámaras.

                                                          

La muerte de Francisco Toledo vino a solucionar el problema de senadores y diputados, ya que el artista plástico será el beneficiario post mortem de las medallas Belisario Domínguez y Eduardo Neri, una presea que en el futuro deberá entregarse a mexicanos vivos.

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