El líder totonaco Juan Simbrón Méndez

TEPETOTOTL

Por Fernando Hernández Flores

Un mes previo para que se celebrara el evento internacional reconocido como “Cumbre Tajín”, el 23 de febrero del año 2015, la paloma mensajera de la paz, el hombre sabio que recorrió los 27 estados con población hablante de lenguas indígenas, el presidente del Consejo Supremo Tradicional Totonaco, el abuelo, el Tata Juan Simbrón Méndez se despedía de los suyos, para emprender el viaje hacia la gloria suprema.

Para los que convivieron con el Tata Juanito, muchos recuerdos y anécdotas tienen aún pendientes en sus pensamientos. Algunos salieron a la luz, otros se quedaron guardados en el baúl de los recuerdos. Hay quienes en la Cátedra Juan Simbrón retoman las palabras del querido abuelo totonaca. El Takilsuhkut, el kantiyán, así como las diversas casas que están en ese bello lugar muy cercano de la zona arqueológica del Tajín, algo les dejó sembrado.

Sus amigos que encontró en su caminar desde mediados de los años 70 del siglo XX. Habrá quienes se adelantaron y quienes aún sigan en algún punto del territorio nacional. La paloma blanca, por su bello vestuario tan cuidado al portar su camisola, su paliacate, sus botines, su sombrero, su pantalón de manta, entre otros. Pero sobre todo, su amplia sabiduría y conocimiento de la cosmovisión de los pueblos originarios del país y hasta de otros países del mundo.

El líder totonaco Juan Simbrón Méndez no murió hace cuatro años, al contrario, se fortaleció su leyenda. Debemos respetar y amar a la madre naturaleza, el mundo es de todos, tanto de indígenas como de no indígenas; la lucha por la igualdad sigue en pie, el árbol de la buena fruta cayó en tierra fértil y han surgido buenos alumnos que irán esparciendo la semilla por distintas partes.

El Tata Juan Simbrón recibía a sus amigos en su casa en Santa Cruz Zapotal. Era muy raro que lo encontraran triste y enojado. Escuchaba muy atento y cuando hablaba decía grandes verdades que le brotaban de su corazón. Diversas autoridades le respetaban y le pedían su bendición. A varios les hicieron sus ceremonias con los abuelos, el Tata Juan los presidía de manera solemne. Los que perdían el piso en el camino se quedaban, porque no respetaban lo sagrado y más cuando desobedecían a los consejos del Presidente del Consejo Supremo Tradicional Totonaco.

Juanito contó con sus secretarios particulares, su consejo técnico, el consejo de abuelos, entre otros espacios más. Él no se peleaba con nadie, aprendió mucho sin tener los estudios superiores, pero si abogó por que llegaran más escuelas para sus hermanos de los pueblos indígenas.

Eran tiempos de lluvia, de fríos, de riesgos por las enfermedades más comunes como la gripe, la tos, la fiebre. El Tata Juan se enfermó y cayó en cama, pero aún en ella siempre mantuvo el espíritu en alerta, si una persona lo visitaba y estaba despierto retomaba fuerzas y le atendía en su hogar. Algunos de sus hijos estuvieron muy de cerca en sus últimas horas, las personas que lo querían trataron de acompañarlo en aquellos días de angustia y sufrimiento para ellos, porque sentían que se les iba el abuelo.

Con el bastón sostenido por la mano derecha y el colorido de sus listones, su sonrisa inigualable, se encuentra sentado en su silla de palma cruzando la pierna. La paloma blanca, el Tata Juanito desde el cielo sigue vigilando y luchando porque la justicia social, productiva, política y económica llegue a los pueblos originarios de México y el mundo. Por la región del totonacapan vibra y desde cada nicho esparce su semilla de la paz levantando la bandera, nuestro querido Tata.

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